Soltar a los hijos..

Por esta vez voy a compartir algo personal. Mi hijo mayor se va de viaje por cuatro o más años, se va a trabajar en un país asiático y por cuatro años no volverá a Guatemala. Muy difícil que lo vayamos a ver y aún en el caso de que regrese o podamos ir a verlo será por poco tiempo. Lo que si sabemos es que durante estos primeros cuatro años con toda seguridad no lo veremos.

Este hombre nos dio muchos dolores de cabeza, como padres nos hizo sufrir.

Un buen día este hombre tuvo un serio accidente, fue el despertar para el, tenía como 22 años pero creo que había gastado su vida hasta los 40; Dios tuvo misericordia de el y el Señor lo cambió totalmente, dejó por completo su vida pasada! Se fue a un seminario cristiano y se puso a estudiar, luego un día vino a casa y nos contó que se iba a trabajar con gente necesitada…

Al principio creímos que era una locura pasajera, no era así, cinco años después y dos viajes de exploración a Asia y África le han confirmado que definitivamente quiere ir a ayudar a la gente necesitada en esos países.  ¿Pero, y acaso no hay gente necesitada en Guatemala? Le preguntamos. El dice, si, pero aquí hay mucha gente que también puede ayudarlos, si quiere….

Así que este día nos ha tocado despedir al muchacho, solo Dios sabe si lo volveremos a ver o si el nos verá a nosotros nuevamente.

¿No pasa lo mismo con los alumnos?

Cada año despedimos a muchos jóvenes que se integran a la vida laboral, universitaria o de cualquier otra naturaleza y como maestros nos duele dejarlos ir, sin embargo sabemos, que como nuestro hijo mayor, solo debemos confiar que cuando llegue el momento pongan en práctica esas enseñanzas que esperamos haber sembrado en su mente y corazón.

Los maestros y los padres somos gente que siembra donde no limpió y cosecha donde no sembró. Sin duda vendrán nuevos alumnos y otros padres que tengan que despedir a sus hijos, pero nosotros hemos escogido esta vida, enseñar y luego rogar a Dios que apliquen lo que enseñamos. Por supuesto, eso les toca decidir a ellos.

So long Dante

2 comentarios en “Soltar a los hijos..”

  1. J Guadalupe Camarillo Gómez

    La transformación de nuestros alumnos y alumnas inicia desde el momento que llegan el primer día, al primer salón y con su primer maestro, en donde se dan cuenta que ya se encuentran en otra etapa de su vida en donde se deben hacer responsables de todas sus acciones y de su propio aprendizaje.
    A lo largo de mi vida profesional he visto seres humanos trasformados en personas de éxito, pero también he experimentado ver personas que se han enfrentado a la frustración de no poder avanzar en su desarrollo, en muchas ocasiones por factores económicos y en algunas otras simplemente por falta de resiliencia ante la adversidad.
    Pero definitivamente la educación trasforma al mundo.

  2. Cada uno es responsable de su propia vida. A veces, unos tienen muy buena estrella y otros están estrellados. no hay un factor que determine el éxito o fracaso de nuestros estudiantes. Y es que no son nuestros, nunca lo han sido.
    Me gusta imaginar que simplemente me toca ser compañeros en una parte de su camino. Como en una cerrera: En la salida, te encuentras a muchas, muchas personas; unas van por primera vez, otras llevan un par de carreras, otros son expertos, otros veteranos, otros elite, otros van a posar; se da el banderazo de salido y comienzas a correr, pensando en el futuro, notas como algunos salen despavoridos y otros van lento a esperar que la masa avance; al paso de los kilómetros, algunos se van quedando, pero es cuando uno encuentra su ritmo, y ahí te pones a platicar con unos cuantos, algunos te cuentan anécdotas, otros te dan tips, otros te hacen compañía; con alguno, rara vez decidirás llegar en su compañía, pero casi siempre terminas despidiéndote y dejando que se marche o acelerando para llegar. Si tienes suerte se volverán a topar en la meta, o quizá en la zona de recuperación. Si sus suerte es mayor, se encontrarán en futuras carreras; pero coincidirán en todas. Y un día, simplemente, no se volverán a ver. Y si tienes suerte, serás un buen recuerdo de un aprendizaje de vida.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *