Me enamoré de mi maestra de tercer grado y todavía no puedo olvidarla.

Traducción libre de Aroldo David Noriega del artículo aparecido en Fox News: Joshua Roberts. I fell in love with my schoolteacher and I haven’t forgotten her

http://www.foxnews.com/opinion/2018/05/26/fell-in-love-with-my-schoolteacher-and-havent-forgotten-her.html

Era 1998, en Petal, Mississippi, yo estaba enamorado. La señorita Smith, maestra de tercer grado se había robado mi corazón. La señorita Smith era hermosa, tenía un largo cabello que amarraba con una cola de pony sobre su cabeza, me volvía loco. Algo que me gustaba mucho es que la señorita Smith también me quería. Eso no era común en los demás profesores, casi todos no me amaban y tenían razón.

Yo era un niño muy complicado, aun estando en tercer grado de primaria. Ese fue el año que escribí un poema obsceno acerca de una de mis compañeras, ese año también insulté a una de mis amigas con una palabra que no puedo escribir aquí. Ese año, también, fui muchas veces a la oficina del director, básicamente yo era un niño problemático, pero eso parecía no importarle a la señorita Smith.

¡La señorita Smith me trataba como si yo fuera su mejor estudiante! Así que empecé a comportarme como tal. Me gustaba tener su atención, por lo tanto, hacía mis tareas lo mejor que podía e incluso le pedí ayuda algunas veces para hacer mis operaciones matemáticas; yo buscaba cualquier excusa con tal de estar con ella.

Lamentablemente, incluso la señorita Smith no pudo curar mi propensión a portarme mal. Hasta el día de hoy me siento muy mal cuando recuerdo aquel día cuando nos enseñó a escribir cartas, y a depositarlas en el buzón de correo. Mientras todos los niños habían escrito sus respectivas cartas y hacían fila para depositarlas en una caja pintada de azul que parecía un buzón yo tiré el sobre y dije “no me importa”.

 

Joshua Rogers en Tercer Grado.  (cortesía del autor)

Ya se los había dicho, yo era un niño problemático. La señorita Smith, escribió mi nombre en el pizarrón, lo cual significaba problemas. Eso me dejó entristecido, había lastimado a mi maestra favorita y estaba muy avergonzado, pero no duró mucho tiempo. ¡El amor regresó en menos de una hora!

No sé qué ocurrió con la señorita Smith.  Sé que se fue de misionera a algún país lejano. En el fondo de mi corazón espero que lea esta columna, reconozca mi foto y me escriba. Sé que es bastante improbable, pero en caso de que ella esté por allí leyendo esta nota esto es lo que me gustaría decir: Gracias, señorita Smith.

Cuando usted entró al tercer grado, yo sabía que era un niño problemático, y tenía mucha evidencia para mostrar. Incluso tenía profesores que podían atestiguar que yo era uno de los peores estudiantes. Pero a usted no le importó eso.

Todo acerca de usted, su sonrisa, la forma en que me hablaba, los refuerzos y los cumplidos, sacaron lo mejor de mí, (la mayor parte del tiempo). Por supuesto que en esos años yo no sabía la diferencia que usted estaba haciendo en mí y supongo que usted tampoco, pero usted fue una de las personas que ayudó a cambiar mi vida de allí en adelante. Me di cuenta de que no tenía que ser un niño problemático, yo podría ser uno de los mejores alumnos y usted me ayudó a creer que eso era posible.

¿Usted sabe a quién me recuerda señorita Smith? Usted me recuerda a Jesús. Jesús dijo “deja que los niños vengan a mí…” Supongo que eso también incluye a los niños problemáticos. Yo vine a usted por la misma razón que esos otros niños buscaban a nuestro señor Jesús, se sentía seguro estar cerca de él, y de alguna forma ellos sabían que el los amaba. Sea que usted lo supiera o no, esa era la forma que yo sentía. Yo sabía que usted me amaba.

No hay mayor regalo que usted pudiera haberme dado, y agradezco a Dios por los miles o cientos de miles de maestros que comparten el mismo regalo cada día con sus alumnos así que también quiero darles las gracias a ustedes. Ustedes tienen la oportunidad de interactuar con esos jovencitos todos los días y hacerle saber que tienen valor y dignidad. Sus acciones les muestran a ellos que los aman y que pueden lograr lo que quieran.

Probablemente estos jovencitos nunca los busquen para agradecer. Incluso ni se acuerden de su nombre, pero recuerda estas palabras: con tu amor, has plantado una semilla y esa semilla crecerá dentro de ellos. Gracias a ustedes estos niños saben que son amados. ¿Por eso te volviste profesor o profesora? ¿Verdad? ¿Que otra gran lección puedes darles?

 

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Joshua Rogers, es un escritor y abogado que vive en Washington D.C. puede seguirlo en Twitter @MrJoshuaRogers y Facebook, y leer más sobre él en su blog JoshuaRogers.com

About Aroldo David Noriega

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