Salvar no solo primer grado, sino toda la escuela primaria y secundaria!

Alejandra, inscribió a su hijo en el primer grado cuando Jorgito tenía casi siete años. Los primeros tres años en la escuela fueron satisfactorios. A la edad de 10 años, como la mayoría de niños Jorgito había completado el tercer grado de la escuela primaria.  Este año, Alejandra tuvo que cambiarse de domicilio, se divorció y consiguió un empleo en otra ciudad. El cambio lo hizo aproximadamente en el mes de mayo y en su nueva ciudad la única escuela que quedaba cerca no quiso recibir al niño porque le faltaba algún papel.

Jorgito perdió el cuarto grado de primaria, no por culpa de él si no por motivos familiares en primer lugar y por la falta de interés en resolver un problema de las autoridades de la escuela a la que quiso ingresarle su madre.

Cuando Jorge, que ya no era Jorgito; alcanzó los 12 años de edad tenía que ingresar al quinto grado de primaria; Jorge no se sentía bien por qué sus compañeros tenían entre uno y dos años menos que el. Después de los primeros dos bimestres el niño comenzó a fracasar en las tareas y Alejandra no sabía qué hacer. Más difícil todavía, era saber que esta situación se iba repetir en los siguientes cinco años de la escuela secundaria; un niño dos años mayor que la mayoría de sus compañeros. Eso, si lograba motivarlo lo suficiente para aprobar los grados.

Alejandra decidió sacar a Jorge de la escuela y esperar a que cumpliera 15 años para enviarlo a estudiar a un establecimiento de plan fin de semana; desafortunadamente, Alejandra todavía no sabe qué va a hacer Jorge los siguientes tres años que piensa dejarlo en casa

Este es un problema exclusivo de Guatemala porque la mayoría de países en América Latina, América del norte y Europa colocan a los estudiantes en grados acorde a la edad cronológica y no necesariamente de acuerdo al último año escolar que hayan aprobado.

Tradicionalmente la escuela comienza para un niño alrededor de los tres años. A esta edad ingresa a lo que en muchos países se le llama pre kinder; a los cuatro años entra al kinder y entre los cinco y los seis a párvulos o preparatoria como se conocen algunos países.
En otros países como México por ejemplo, se le llama preparatoria al bachillerato, pero este es un caso bastante aislado.

Entre los seis y los siete años un niño ingresa a lo que se llama en Estados Unidos escuela elemental; en algunos países de América Latina se le llama nivel básico o educación primaria como se conoce en Guatemala. Los grados séptimo y octavo son los últimos años de educación básica o secundaria. A partir de lo que en Guatemala se llama tercero básico y en otros países es el noveno grado, da inicio la educación secundaria o High School como se le conoce también en América del norte.

Por eso mismo, en Estados Unidos y Europa principalmente, no necesariamente a los jovencitos se les coloca en los grados escolarizados que les corresponden sino que se les agrupa en base a la edad cronológica. Una de las principales razones a favor de este movimiento ha sido que es mucho mejor agrupar a los jovencitos por habilidades y no necesariamente por la nota obtenida en el año anterior.

Específicamente en Estados Unidos, y como resultado de una ley aprobada en el año 2001 por el congreso, la llamada ley “No Child Left Behind” que en español se traduce como “que ningún niño se quede atrás”; se requirió a las escuelas colocar a los niños en un grado acorde a su edad cronológica; a la vez que exige a esas mismas escuelas proveer un sistema de tutoría con el objetivo de ayudar, en los horarios fuera de clases de manera que el estudiante, en este caso un alumno mayor de edad que ha sido puesto en un curso o salón de clase superior al que tiene aprobado pero en donde los compañeros son de la misma edad cronológica.

Esto evita sobrecargar a los profesores de esos salones porque permite que estos jovencitos se adapten rápidamente. Si estuvieran en un lugar en donde la mayoría de compañeros son menores de edad, estos niños se sienten fuera de lugar y rápidamente abandonan la escuela.

En un artículo aparecido en el sitio web TeachHub.com los autores se hacen la pregunta de, ¿cuál es el daño causado a aquellos jovencitos que ven a sus amigos en la infancia avanzar hacia grados superiores o quedarse rezagados en grados inferiores ? ¿Qué pasa con su autoestima?

Lo más seguro es que esto creará serios problemas de autoestima en aquellos niños que ven a sus compañeros avanzar a niveles superiores; sin duda les hace sentir tontos o no dignos de pertenecer al grupo con el que muchas veces han crecido. Dependiendo en la edad de los estudiantes con quienes se queden, se sentirán o muy jóvenes o muy viejos. Y sin importar el nivel de habilidad que tenga, la madurez es un factor que debe ser tomado en cuenta.

Si un joven de 18 años repentinamente se encuentra rodeado de niños de 14; sencillamente se va a sentir fuera de lugar. No recibirá indicaciones para asistir a fiestas de piñatas o cumpleaños; las madres tendrán temor de lo que un joven de 18 años pueda hacerle as sus hijitas de 13 o 14 años; aunque esto sea simplemente infundado.

Imagina a Jorge que a los 13 años se ha obligado a compartir con niños de 10 u 11.

Muchos distritos escolares en otros países están aplicando nuevas técnicas, algunas de estas ya han sido puestas en práctica en Guatemala. El movimiento “Salvemos Primer Grado” es un ejemplo de que estas cosas se pueden lograr en el resto de grados.

La dosificación de contenidos, el uso de pruebas estandarizadas, la participación de los padres y una tutoría efectiva han sido la carta de presentación del movimiento para salvar el primer grado. Éstas mismas estrategias pueden servirnos para salvar el resto de grados; al hacer que un niño que ha perdido un año escolar pueda avanzar con sus compañeros al siguiente ciclo, no sólo estamos reduciendo el fracaso escolar, la posibilidad de que estos jovencitos o niños abandonen la escuela sino que también estamos comprometiendo a los padres y creando estrategias para que aquellos profesores que probablemente no tienen un salón de clases asignado puedan servir como tutores en horarios fuera de clases.

Por otro lado, el Ministerio de Educación puede generar evaluaciones estandarizadas de manera que este tipo de niños o jóvenes cubran un trabajo adicional modular antes de someterse a una prueba estandarizada. Algunas veces se necesita tomar decisiones políticas, decisiones que puedan descongestionar el trabajo que realizan las autoridades educativas; pero aparte de descongestionar el trabajo también estaremos creando las condiciones para reducir la deserción y fracaso escolar.

Como ya lo decía a una viceministra de educación hace muchos años: ¿por qué castigar a los estudiantes que no alcanzan la nota necesaria para aprobar un año escolar, haciéndolos esperar tres a cinco años para que les permitamos volver a la escuela?

Referencias:

Hawke, Patricia. Great Grade Level Debate: Age vs. Ability (El gran debate de los grados: edad o habilidad) http://www.teachhub.com/great-grade-level-debate-age-v-ability Consultado el 11/02/2018

Manual Salvemos el Primer Grado: http://pdf.usaid.gov/pdf_docs/Pnade083.pdf

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