¿Qué hace a un currículo efectivo?

El currículo tiene el potencial de tener un efecto dramático en el desempeño de los estudiantes y la calidad de la enseñanza. Cuando los profesores concienzudamente aprenden a utilizar de forma efectiva el currículo, aprenden también como enseñar una asignatura en particular y tener planes de lección y materiales organizados de forma secuencial para promover el aprendizaje del estudiante.

¿Cómo podemos saber si nuestro currículo es bueno?

Esta respuesta no es simple, las personas que buscan respuestas simples a preguntas tan complejas como la anterior pueden quedarse sólo con un punto de vista superficial; podrán nada más observar las imágenes de la portada del texto que contiene los estándares o competencias; la cantidad de páginas, la calidad de la redacción de las mallas curriculares y cualquier otras situaciones que sólo un vendedor resaltaría. Sin embargo aquellas personas que buscan implementar un curriculum con calidad tiene mucho más trabajo que hacer.

En primer lugar debemos preguntarnos si esta malla curricular va a mejorar el desempeño estudiantil; un curriculum con calidad requiere cambios, cambios que muchas veces profesores y autoridades educativas no están muy dispuestas a hacer; cambios que provocan inconformidades; sin embargo, a menos que se efectúen cambios a la manera en que trabajamos con el currículo, no habrá cambio ninguno. Alguien dijo una vez, ¿cómo podemos esperar cosas diferentes si seguimos haciendo lo mismo?

¿Qué clase de cambios debemos buscar?

Contenido.

Se dice que el contenido es el rey de la educación. Sin embargo el contenido en un currículo por competencias y un currículo de calidad por supuesto no es aquel que tiene más contenido que cubrir o mayor profundidad; es el currículo que tenga únicamente los contenidos necesarios. En lugar de memorizar tópicos, conceptos o declaraciones en historia, matemáticas o ciencias, el profesor debe buscar la manera de explicarle a sus estudiantes de qué manera estos conceptos han sido desarrollados y tratar de replicar por nuestra cuenta.

Habilidades.

Un currículo por competencias no necesariamente debe enseñar para memorizar; es importante el “saber que” pero mucho más importante es el “saber cómo”. Las habilidades son desarrolladas a través de los procesos de aprendizaje y en este sentido las competencias o estándares educativos son compuestos de verbos medibles o activos; de tal manera que el profesor sepa que cuando encuentre un verbo que significa ejecución de alguna acción se debe propiciar que el estudiante ponga en práctica esas habilidades. Algunas veces vamos a encontrar verbos que no se pueden ver a simple vista pero si pueden ser evaluados por medio de un instrumento adicional o auxiliar. Un currículo por competencias que no fomenta las habilidades no es otra cosa que un programa de memorización con otro nombre.

Planes de lección.

Quien diría que los planes de lección también forman parte de la evaluación de la efectividad de un currículo. Sin embargo, la introducción, desarrollo, práctica guiada, práctica individual o en grupos y evaluación de cada uno de los conceptos o habilidades en el currículo son establecidos por medio de los planes de lección. El plan de lección es la ejecución del currículo en el nivel más importante que es dentro de un salón de clases. La lecciones no deben ser tan complicadas pero tampoco tan simples; deben construirse en base al conocimiento o actividades previas y estas sirven de fundamento para las lecciones siguientes.

Investigación.

Todo profesor tiene a la vez que ser un investigador dentro de su propio salón de clases o curso. Esto quiere decir que si lo que estoy haciendo no está funcionando como queremos debe ser modificado o sustituido por algo mejor y esto sólo se puede ser por medio de la investigación dentro del salón de clases. El mejor método de investigación para un profesor es la observación y las entrevistas individuales con los alumnos y padres de familia. Si bien la investigación del profesor dentro del salón de clases no necesariamente forma parte de los diseños curriculares si proveen guías cuando se está evaluando el trabajo que ese mismo currículo supone que se debe hacer. Existe por ejemplo investigaciones acerca de los mejores métodos para enseñar a leer, empezando con los fonemas y luego siguiendo con principios alfabéticos y fonéticos. Hay investigaciones que identifican cuáles son las mejores formas de enseñar matemáticas, ciencias sociales y otras materias; la única manera en que los creadores de currículo pueden determinar que lo que están poniendo en los estándares o mallas curriculares es el adecuado es analizando el trabajo del profesor, los portafolios docentes, anecdotarios, diarios pedagógicos, planes de lección y cualquier otra evidencia del trabajo docente son la mejor manera de evaluar la efectividad de un currículo en su nivel operativo.

Estudiantes.

Un currículo efectivo satisface las necesidades educativas de los estudiantes para quienes fue diseñado. Esto es particularmente complicado a la hora de diseñar planes curriculares para todo un país debido a que si bien todos tienen la misma nacionalidad y probablemente sea un país pequeño como Guatemala aún así tenemos varias culturas o subculturas. Ningún salón de clase es igual al otro, incluso aquellos que parecieran ser homogéneos como cualquier establecimiento que tenga dos o tres secciones del mismo grado; ni aún así los programas curriculares podrían ser capaces de satisfacer las necesidades educativas. Esto sólo se logra por medio del trabajo docente y de qué manera este docente adapta los estándares o competencias a la situación individual de cada estudiante.

Estándares o competencias.

Un currículo efectivo está alineado a los estándares nacionales e internacionales. Vale la pena hacer un pequeño paréntesis en este momento, existe una discusión sobre cuál es la diferencia entre estándares y competencias. Según el doctor William Rothwell, las competencias son inherentes al individuo. Están dentro de la persona y por lo tanto no “le pertenecen” a los profesores o a las mallas curriculares. Cuando existe una malla curricular con declaraciones de lo que un estudiante debe ser capaz de hacer o ejecutar al terminar una intervención educativa, aunque lleve el nombre de competencia en la práctica son estándares porque son medidas diseñadas por otras personas para que alguien alcance una certificación o grado.

En ese sentido los estándares y competencias son desarrollados a lo largo de un nivel educativo, por ejemplo a lo largo de la primaria o secundaria. Determinar si el currículo satisface los estándares requeridos por gobiernos u organizaciones internacionales solamente puede hacerse por medio de una evaluación en primer lugar de lo que han aprendido los estudiantes, en segundo lugar de la forma o lo que han enseñado los profesores y por último de la manera en que se desempeñan los estudiantes una vez que han dejado la escuela. Los exámenes internacionales tales como PISA miden lo que el alumno ha aprendido en el salón de clases pero difícilmente pueden medir lo que esta persona es capaz de hacer en la vida cotidiana. Por supuesto que podemos inferir que si alguien hace un buen examen estandarizado probablemente se desempeña de la misma forma en la vida diaria; sin embargo demostrarlo es lo complicado.

Un problema con los estándares es que desafortunadamente la mayoría de personas que laboran o que diseñan programas educativos se limitan a reescribir estándares utilizados en otros países sin que medie un análisis de necesidades. Por supuesto que éstas mallas curriculares lucen como cualquier otra y pasan los exámenes de rigor de los expertos pero estar alineado a los estándares nacionales o internacionales es una cosa y estar alineado a las necesidades de cada estudiante es algo muy diferente.

Una manera en que se puede revisar si estos planes de lección están alineados tanto a los estándares como a las necesidades de los estudiantes es tomando cada competencia o estándar, diseñando planes de lección y luego haciendo un estudio piloto dentro de los establecimientos educativos. Finalmente se necesita establecer el grado de aprendizaje de los conceptos y habilidades en relación al estándar o competencia.

Una vez que se han realizado suficientes pruebas y determinado hasta que grado el aprendizaje está alineado a los estándares o competencias es el momento de reescribir el currículo dejando que has cosas que si se pueden enseñar y desechando las que ya no son necesarias o simplemente no podrán enseñarse. En este momento también es necesario establecer qué otras cosas se deben hacer. En el caso del currículo nacional base de Guatemala llevamos casi 10 años con el mismo, en ese tiempo ha habido un enorme desarrollo tanto en el campo tecnológico como en las demás ciencias y por lo tanto hay que desechar algunas para hacer espacio a otras.

Uno de los grandes retos cuando se está creando o diseñando un currículo o sea que se esté evaluando y rediseñando es lo que yo llamo el mal del experto. Un experto siempre va a querer poner todo lo que se pueda saber acerca de su tema pero debemos preguntarnos si hace falta que los alumnos aprendan esas cosas.

La regla 70 – 20 – 10

La profesora Kathy Moore dice que hasta un 70% de lo que enseñamos lo pueden hallar en el Internet o en libros de texto y que por lo tanto no es necesario que lo aprendan. La misma profesora dice que otro 20% de ese mismo contenido puede ser aprendido mediante el método del descubrimiento, es decir por medio de investigaciones, tareas grupales o lecturas en casa. Únicamente el 10% de cualquier contenido es el más importante y es el que el profesor debe enseñar en clase. ¿Qué significa eso para los diseñadores de un currículo? No debemos caer en el error de rellenar una enorme cantidad de contenidos, ese fue posiblemente el más grande de los errores en el actual currículo nacional base de Guatemala porque se ha llegado a especular que se necesitan dos infancias para completar todos esos contenidos. Simplemente no es posible enseñar toda esa cantidad de cosas; a pesar de que el mismo documento indica que los contenidos son sugeridos, muchos profesores, directores o supervisores exigen que se planifique para enseñar todo.

Un ejemplo de esta enorme cantidad de contenidos lo hallamos en los libros de texto de la mayoría de editoriales, estos libros de texto parecen directorios telefónicos y lamentablemente sólo sirven para hacer negocio cada año porque más de la mitad de los libros o la mitad del contenido de cada libro se queda sin utilizar. Sin una correcta aplicación del currículo nacional base y por supuesto sin una evaluación crítica, sin sentimentalismos, no será posible ejecutar un verdadero cambio en la educación.

Referencia

[S.D.] What makes an effective curriculum? Documento en línea disponible en: https://tyrannyofthetextbook.wordpress.com/ Consultado el 17/02/2017

About Aroldo David Noriega

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