Personas involucradas en un proceso de consejería cristiana.

Al menos tres. (El Espíritu Santo; la persona necesitada y el consejero o consejera)

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¿Quién debiera ser el consejero o consejera?

Todos los cristianos podemos tomar el rol de consejeros, de hecho más de alguna vez a lo largo del día de la semana alguien vendrá a pedirnos opinión acerca de algo. Sin embargo el puesto de consejero del que estamos hablando en este espacio se refiere específicamente a una persona dentro de la Iglesia cuyo rol es aconsejar a aquellas personas que necesitan alguna clase de orientación. Recuerde que es un rol secundario y que el principal consejero siempre será el Espíritu Santo.

 

El trabajo de consejero o consejera en la iglesia es un ministerio más. Por lo tanto el ministro consejero debe estar dispuesto y ser capaz de asumir completamente la responsabilidad a la que Dios le ha llamado: ministrar a los hombres y mujeres que sufren el dolor y la miseria que emanan de los pecados sean estos personales o de las personas que más cerca están de nosotros.

 

Este ministerio tiene una tarea especial de proclamar las buenas nuevas de Dios y la regeneración por medio del Espíritu Santo. Usualmente el rol de consejero en las iglesias es asumido por el pastor. Sin embargo, el propósito de este curso introductorio a la consejería no es suplantar la tarea que el pastor o cualquier persona preparada profesionalmente pueda asumir. De ahí que muchas iglesias prefieren establecer posiciones de consejería con la ayuda de psicólogos; lo cual definitivamente es muy bueno.

 

Este curso entonces busca suplir las necesidades en aquellos lugares donde desafortunadamente no existe gente profesional preparada para dar consejería. Todos los cristianos hemos sido llamados a dar fe de nuestra relación con Dios, hacer testigos de las maravillas que él ha hecho en nuestra vida y desde ese punto de vista todos estamos capacitados para dar algún consejo en caso de necesidad; sin embargo es necesario reconocer con humildad cuando se presenten aquellos casos que no podemos tratar y entonces se necesita derivar esta necesidad a otra persona que pueda apoyarnos.

 

Para las personas que desean dedicar su vida a la consejería profesional es mucho más indicado buscar la educación necesaria en las universidades o seminarios.

 

Perfil del consejero

  1. Discernir lo bueno y lo malo de acuerdo a la palabra de Dios.
  2. Conocimiento de la escritura (Romanos 15:14 y Colosenses 3:16)
  3. Habilidad de confrontar verbalmente con la palabra de Dios de manera que se pueda inducir al cambio de la conducta.
  4. Sabiduría cristiana en su relación con los demás.
  5. Preocupación por los miembros del cuerpo de Cristo. Romanos 15:14

 

Las calificaciones requeridas para un pastor dadas por el apóstol Pablo en los libros de Tito y Timoteo son las mismas requeridas para un consejero. Si nos damos cuenta estas se basan enteramente en calificaciones personales y no necesariamente diplomas o conocimiento. Por lo tanto se puede concluir que un consejero o consejera debe de ser una persona ejemplo en su iglesia en su familia en su comunidad.

 

La autoridad del consejero:

Cualquier consejero debe tener autoridad divina para hacer su trabajo. Y únicamente una consejería basada en la Biblia aporta esa autoridad. El consejero ejercita una autoridad dada por Cristo (Tesalonicenses  5:12 – 13); de esta manera ejercitamos la autoridad que Cristo nos ha entregado a sus santos. Tomé muy en cuenta la palabra santidad porque ésta es la prueba fehaciente de que usted vive lo que predica.

En Hechos 5:29 se hace referencia a dos clases de autoridad, la autoridad de Dios y la autoridad de los hombres. Los apóstoles hacen una clara distinción entre las dos y a cual se debe obedecer primero. El consejero por lo tanto no está ejercitando su propia autoridad, la que tiene le es dada de parte de Dios pero no debe por ningún motivo sobrepasar los límites que Dios mismo le ha establecido.

 

Si un consejero cristiano aconseja a los niños a desobedecer a sus padres por ejemplo, ha perdido su autoridad porque no está enseñando lo que Dios ordena.

 

Como tarea inicial, considere las siguientes declaraciones, y determine cuáles son ejemplos no apropiados del ejercicio de la autoridad del consejero. Las que usted considere que no son correctas deberá escribirlas nuevamente de una manera apropiada.

  1. Confiese su pecado y olvídese del.
  2. Vende tu carro y paga ese préstamo.
  3. Debes estudiar la escritura y orar regularmente.
  4. Cada mañana, debes leer la Biblia por media hora y orar por otros 20 minutos.
  5. Una forma de empezar a amar a tu prójimo es hacer una lista de cosas que sabes le gustaría a ellos o a él y hacerlo por lo -1 vez por semana.
  6. Usted tiene que cortar esa relación homosexual el día de hoy.
  7. La pastilla tranquilizante no te sirve de nada, no lo tomes más.
  8. Tienes que dejar ir tu pena, debes empezar a aprender a enfocarse en el día de hoy en lugar de mañana.
  9. Vuelve cuando estés más calmado.
  10. Obedecer los mandamientos de Dios te gusten o no.

 

 

La realidad, es que las 10 declaraciones necesitan ser escritas nuevamente en un lenguaje menos imperativo. Nosotros no somos los que hemos impuesto los mandamientos que la Biblia nos indica, por el contrario somos simples mensajeros y por lo tanto debemos apelar a que es Dios y no nosotros quien da las instrucciones. Una de las situaciones más interesantes e importantes que un consejero puede hacer es no juzgar y no mandar al infierno a nadie sin importar en qué pecado se encuentre porque esto sólo destruye la relación inicial que la persona necesitada de consejo busca. Consideremos a Jesucristo, cuando llegaron a la aldea de los samaritanos y éstos se negaron a darles comida y devolvió por esa tarde, en lugar de acceder a hacer caer fuego del cielo el señor regaña a los discípulos porque Dios vino al mundo a salvar lo que se había perdido.

 

Finalmente, el consejero no puede por ningún motivo dejar de citar la autoridad de la palabra de Dios, es decir, no podemos escondernos bajo la idea de que no queremos ofender sin llamar al pecado pecado. Pareciera contradictorio con lo que recientemente acabamos de describir, pero la idea aquí es que no lo digo yo, lo dicen las escrituras. Uno de los mayores consejos que recibimos muchas veces de la gente que trabaja en consejería es enfocarse en descalificar la acción y no la persona.

 

El aconsejado

Hay tres fuentes importantes de información acerca de la persona a la que vamos a aconsejar, en primer lugar tenemos a la Biblia, la escritura sagrada la cual establece la manera en que debemos vivir. En segundo lugar, tenemos nuestra experiencia como consejeros y tercero el corazón de la persona que pide ayuda.

Las escrituras son la primera fuente de normas de donde el consejero cristiano extrae los principios que deben dar forma a la vida de los demás.

 

 

¿Qué es lo que necesita saber el consejero?

  1. ¿De que se trata el problema específico que le trae a la reunión de consejería? En este caso el consejero quiere entender el problema en todas sus dimensiones.
  2. ¿Qué principios bíblicos se aplican en este caso?
  3. ¿Qué debe hacerse para aplicar esos principios?

 

Parece una lista de cosas bastante simple, sin embargo aplicados a la práctica la situación cambia y de estas tres cosas será lo que trate el curso de aquí en adelante.

En resumen, el consejero tiene que aprender no sólo el problema único que le ha traído la persona necesitada, sino también escarbar hacia atrás todas aquellas cosas que pueden ser la causa principal y no necesariamente el efecto. En este caso el consejero debe mantener una confidencialidad humilde; él sabe que Dios le ha dado la oportunidad de servir a alguien pero el mayor obstáculo en este trabajo es la posibilidad del fracaso del consejero en mantener un estudio y oración constante de las escrituras. Desde el momento que empezamos un proceso de consejería es muy importante pedir la dirección de Dios específicamente por esta persona de manera que Jesucristo nos alumbre el camino.

Cualquier nuevo consejero debe tratar de pasar mucho tiempo examinando la Biblia y al mismo tiempo su propio corazón, también debe pasar un buen tiempo observando las vidas de los demás.

 

 

Caso 1.

Silvia, era una señorita de 20 años hija de misioneros que habían trabajado toda su vida en África. Ahora, repentinamente habían sido obligados a volver a Estados Unidos para atender a Silvia quien durante dos años había estado siendo tratada de esquizofrenia en África y luego en Estados Unidos. Aparte de un simple sí o no, Silvia se negaba a hablar. Ya que había estado callada o muda durante los pasados dos años la mayoría de las personas creía que estaba alejada de la realidad.

 

Finalmente, fue llevada a un centro de consejería cristiana y después de tres semanas Silvia comenzó a hablar.  Cuando Silvia tenía la edad suficiente para ir al escuela, sus padres la enviaron a una escuela misionera a 500 km de distancia. Sólo por cortos períodos durante cada año ellos podían ver a su hija, este estilo de vida continuó por muchos años hasta que se graduó del bachillerato. Aquí fue cuando el problema se hizo aparente.

Por algún tiempo Silvia pareció ser una señorita feliz, sin embargo la amargura en contra de sus padres había estado creciendo por más de 10 años. Ella se sentía resentida con sus padres, sino también contra la misión que Dios les había dado a ellos. Ella estaba muy resentida por no haber tenido una figura paterna y materna durante su niñez como el resto de los compañeros; ella se dio cuenta que no los conocía bien y no se comprendían. En un aparente estado de emoción y de enojo Silvia fue diagnosticada con esquizofrenia. Aunque se sentía resentida con ellos, también tenía miedo de perderlos.

 

Cuando los consejeros se dieron cuenta que Silvia había pasado la mayor parte de su niñez sola ellos trataron de averiguar más acerca de cómo había sido su vida en esa escuela. Sus padres creían que habían estado haciendo el trabajo de Dios y que eso justificaba el abandono de Silvia. Con tan sólo dos sesiones reconocieron que su conducta hacia su hija había sido dañina, se sintieron muy arrepentidos.

 

Ahora el turno de Silvia, aunque se negaba a hablar, los consejeros trataron de hacerle ver que nunca iba a conocer a sus padres a menos que empezar a hablar con ellos. Con mucho amor ellos trataron de insertar una combinación de esperanza, advertencia, exhortación y ánimo. Fue en esa reunión que Silvia finalmente empezó a hablar con sus padres. De ahí en adelante el resto decisiones consistió en reuniones de conciliación; eventualmente Silvia salió de su problema e ingresó ella misma en un seminario.

 

¿De qué manera el consejero pudo alcanzar esos resultados? En primer lugar, después de obtener la información necesaria del tipo de niñez que Silvia había pasado, el consejero trabajó con los padres para hacerles ver lo equivocado de la circunstancia en que la habían dejado. Silvia no hablaba pero si escuchaba y al tener esas reuniones en presencia de ella fue más fácil hacer entender que los padres estaban arrepentidos por el trato que le habían dado. El consejero también tenía experiencia al haber hablado con otros misioneros, quienes también habían tenido problemas especialmente separación de hijos y padres y problemas interpersonales al vivir con otros misioneros o en lugares donde existe mucha restricción, por ejemplo los seminarios o escuelas de internado.

 

 

TAREA:

Hagamos una lista de los últimos 5 problemas que hemos tenido nosotros.   Ahora, a partir de esa lista hagámonos las siguientes preguntas:

  1. ¿Cuál es la razón que dio origen a este problema? Por ejemplo: Tuve una discusión con mi hijo mayor y le ofendí innecesariamente.  ¿Ese fue el resultado de qué?
  2. ¿Qué principios bíblicos se aplican a esta situación? En primer lugar la Biblia manda a los padres a no exasperar a sus hijos; a tener paciencia con ellos. Y yo, no la tuve.
  3. ¿Cómo se puede aplicar este principio? Primero; pedir perdón a mi hijo para sanar la herida, luego pedir perdón a Dios y finalmente recordar este pasaje en caso de volver a perder la compostura.

About Aroldo David Noriega

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