Cuando dos personas siempre están de acuerdo en algo, una de ellas sobra

Apenas hoy regresé de un viaje a una ciudad al norte de Guatemala; una experiencia interesante porque pudimos ver de primera mano la gran labor que las organizaciones de apoyo social hacen en Guatemala. Yo siempre he sido crítico de la gente que siendo burgués o acomodada termina defendiendo a los pobres. Pero no me malinterpreten, terminen de leer esta entrada por favor.

En mis 49 años de vida nunca había convivido con cuatro personas que están totalmente en el otro extremo de mi linea de pensamiento. He pasado por varias experiencias en mi vida; nací en una región montañosa de Guatemala, el área Ixil, mi madre oriunda de Jutiapa, al oriente del país, donde se asentaron principalmente españoles; mi padre de San Juan Cotzal, El Quiché, totalmente opuesto, un lugar poblado en un 99 por ciento de indígenas de la etnia Ixil, siempre bromeo con mis hijos que si mi padre era totalmente indígena, mi madre mestiza, debería ser yo un 75% indígena y el resto mestizo.

Mi padre fue asesinado por soldados en marzo de 1976; a los siete años tuve que abandonar lo que conocía como vida e irnos huyendo a Jalpatagua, Jutiapa. Apenas unos tres años después uno de mis tíos maternos muere a manos del ejército pues era guardaespaldas de Manuel Colom; viendo las cosas sin fanatismo, Manuel Colom estaba llamado probablemente a ser un gran líder político, no sabemos si para bien o para mal porque nunca se le dio la oportunidad de demostrar que podía hacer.

En 1981 desaparece mi “tio Nayo”, hermano de mi padre, presumiblemente a manos de la guerrilla. Pocos años más tarde mi abuela paterna, que había sido golpeada vilmente por gente que era de nuestra misma aldea en Cotzal, muere. En 1984 ingreso al Ejército de Guatemala, tenía 15 años, yo quería comer y tener calzado, esa fue la razón por la que entré al ejército y me quedé hasta 1991, en todo ese tiempo conocí amigos, como Mario Roberto Lucero, a quién le estalló una mina claymore en Ixcán en 1985 y solo recogieron sus pedazos. O a mi hermano de crianza Mario Rodríguez, alias “el coche” que se cayó de un pickup en Petén mientras patrullaba el sector.  Se podría decir que soy una persona que ha sido golpeada por el ejército y la guerrilla, literalmente, toda mi familia paterna ha muerto a manos de uno o de otro bando. El único tío paterno que queda vivo no quiere saber nada de Cotzal, vive lejos de Guatemala y no planea volver al triangulo Ixil ni para que lo entierren.

Así que siempre he sido alguien que desconfía de la gente, especialmente de la gente de “izquierda”. ¿Y,  porqué no desconfío de la gente de “derecha”? Probablemente, como dijo uno de nuestros acompañantes; porque uno solo lee y ve aquellos medios que publican lo que uno quiere oír o con lo que se siente a gusto. Para mi esta aseveración fue demoledora. Me puse a pensar en esto y si, he llegado a la conclusión que necesito leer más o ver “el otro lado” de las cosas.

 

¿Qué tiene que ver esto con la educación?

Como profesores siempre asumimos que tenemos la razón y que nuestros alumnos deben tomar las cosas tal cual las decimos. Debemos ver las cosas desde el otro lado, Paulo Freire dice que el maestro aprende al enseñar y el estudiante enseña al aprender. Al ver las cosas desde otra perspectiva, obtenemos beneficio mutuo, de esa forma uno de los dos no estará de más.  Para finalizar un pequeño ejercicio cortesía de la BBC. ¿Qué quiso decir el profesor? ¿Qué comprendió el niño?

 

 

 

About Aroldo David Noriega

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