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El cambio constante en los sistemas curriculares

curriculum-theory-practice-a-v-kelly-hardcover-cover-artA. V. Kelly  en “The Curriculum: Theory and Practice” SAGE Editions 2009 dice que una de las características principales de la educación moderna es su constante cambio; es decir, los sistemas curriculares de todos los países en el mundo están continuamente cambiando.

Por poner un ejemplo que nos ha tocado vivir en persona: la Reforma Educativa en Guatemala; que dio inicio después de la firma de los Acuerdos de Paz en 1996. Sin embargo una rápida mirada a los sitios web de la mayoría de ministerios de educación de América Latina nos permite asegurar que casi todos los países se encuentran sumergidos en alguna clase de reforma curricular.

¿A qué se debe este constante cambio en los sistemas educativos formales de nuestros países? Podríamos afirmar que los cambios se dan debido a las necesidades de la sociedad actual. Un pequeño ejemplo, hasta hace unos 20 años no era necesario el curso de tecnología o computación en la mayoría de escuelas en América Latina. Al día de hoy nadie puede negar la importancia de esta materia y por lo tanto las viejas máquinas de escribir han dado lugar a modernas pantallas de computación.

Lo mismo ocurre en muchos otros campos; hace unos 40 años cuando este servidor estaba en primaria había que aprenderse de memoria los nombres de los barcos o carabelas que trajeron a Cristóbal Colón de España. Había que aprenderse desde donde zarparon e incluso las palabras que dijeron cuando vieron por primera vez las tierras americanas.

Una de las mayores dificultades en los sistemas educativos latinoamericanos es que los procesos de reformas curriculares no siempre van acompañadas de la respectiva capacitación.

No hace mucho, en Guatemala tuvo lugar la implantación del nuevo Currículo Nacional Base, con bombos y platillos se anunció que los contenidos daban lugar a las competencias y que ahora los estudiantes no tendrían que aprenderse de memoria esas grandes cantidades de conceptos; la sorpresa fue que al ver las mallas curriculares los profesores nos asustamos, cada competencia estaba dividida en varios indicadores de logró y a su vez cada columna enumeraba una larga lista de contenidos conceptuales, procedimentales y en menor medida contenidos actitud finales.

Muchos profesores igual que este servidor pusimos el grito del cielo porque era más fácil seguir dando clases con un libro de texto que tratar de planificar por competencias. Como dice el dicho que donde manda capitán no manda marinero hubo que empezar el proceso de reforma curricular a la fuerza, a todos se nos dio un formato para poder “planificar” por competencias.

Las sesiones de capacitación casi siempre se convertían en grandes discusiones y como la mayoría del gremio magisterial están protegido por sus respectivos sindicatos los capacitadores no tenían mayor autoridad.

 

 

 

Hace un tiempo tuve la grata oportunidad de leer un libro escrito por Susan Drake, quién es una experimentada curriculista canadiense, ella se queja de las mismas dificultades que todo profesor en Latinoamérica tiene pues en Canadá y Estados Unidos donde ella se mueve; ahora mismo existe un movimiento de estandarización de contenidos, todos los estados en USA están en mayor o menor medida inmersos también en procesos similares.

El problema dice la profesora Drake, es que los estándares están mal redactados, los contenidos propuestos representan un gran desafío para los profesores.  ¿Cómo poder cumplir con esos estándares sin tener que enseñar esas grandes listas de contenidos?

La profesora Drake aconseja “descomponer” los estándares, indicadores de logro, competencias o como les llamen nuestras autoridades educativas.

 

¿Cómo descomponer los indicadores de logro, estándares o competencias?

Un método bastante fácil según la profesora Drake, busque los verbos y sustantivos.  Los verbos son las acciones que deben ejecutar y los sustantivos,  los contenidos.   Así de simple! De esa manera podremos “saltarnos” esas enormes listas de contenido. Sólo eso eliminaría más de la mitad de las tareas que el profe Carlos deja en su curso.

Pero para verdaderamente alinear el currículo falta todavía una cosa más, eso que llamamos contextualizar o concretizar el currículo dentro del aula.

 

¿Cómo contextualizar el currículo dentro del aula?

Robert Mager dice que los objetivos de la educación vienen de muchas fuentes, vienen de demandas de la sociedad, de las empresas, de las familias, de las escuelas o de los mismos individuos.  En este caso  nos concentraremos en las demandas de la sociedad.  La sociedad, por medio de sus autoridades demanda o implanta la aplicación de un nuevo modelo curricular y por lo tanto todos los profesores estamos obligados a ponerlo en práctica. ¿De qué manera puedo contextualizar el currículo dentro de mi salón de clases? ¿De qué manera puedo transformar esas grandes ideas que los expertos tienen sobre la manera en que un niño debe ser educado en un plan de clase?

La mayoría de expertos currículo estas nos dirían que para contextualizar lo primero que debo hacer es conducir un análisis de necesidades; un análisis que ciertamente nos llevará después a delinear el perfil del estudiante o participante que necesitamos para nuestro curso. En el caso que nos ocupa todo ese trabajo ya ha sido realizado por otras personas y nosotros lo único que debemos hacer es poner en práctica lo que estos “expertos” han determinado que es lo que se debe realizar.

No sería entonces necesario que conduzcamos un análisis de necesidades para determinar qué competencias necesitan nuestra población estudiantil porque el gobierno ya se ha encargado de eso. Nos corresponde ahora transformar esas ideas en planes de lección que apelen al contexto en que cada estudiante vive, entendido esto como contexto las instalaciones misma del centro educativo; la comunidad en la que vive el estudiante y se haya situado el centro educativo, el tipo de profesores; en otras palabras y para resumirlo: el medio en el que cada estudiante convive con sus semejantes.

 

Robert Mager nos dice que una manera de lograrlo es redactando objetivos instruccionales pero que no debemos tomar esto como el único medio para contextualizar; eso dependerá de la situación y necesidades de cada grupo de estudiantes. Un objetivo instruccional es una declaración de lo que el profesor intenta o desea lograr con sus estudiantes. Un objetivo instruccional es también una declaración del desempeño que espero de un alumno en ciertas CONDICIONES. Y puesto en letras mayúsculas la palabra condiciones porque dependiendo de cada condición de cada estudiante así será cada objetivo; de manera que podemos tomar un mismo estándar o competencia (para delicia de nuestras autoridades) y enseñarlo o evaluarlo bajo diferentes condiciones.

Nuestra próxima entrada tratará precisamente de cómo utilizar los objetivos instruccionales para contextualizar el currículo en nuestro salón de clases.

El profe Carlos tiene un problema (2)

En el post anterior hablamos acerca del problema del profe Carlos, sus alumnos se han quejado de una sobrecarga de tareas, es decir muchos contenidos. Después de una conversación con su director dejamos la interrogante de determinar qué es lo que el debe hacer ante esta situación. Preguntamos si podría renunciar, hablar con sus estudiantes, hablar con sus compañeros o dejarse llevar por el sistema y hacer como que hace pero sólo para aparentar.

Los profesores que han tomado un momento para aportar sus ideas han sido muy directos y porque no decirlo exactos a la hora de emitir sus opiniones; por ejemplo Silvia dice que posiblemente está utilizando la guía curricular de manera incorrecta; Ana aconseja que hable con sus compañeros mientras que Gabriel dice que él debería negociar pero sin dejarse tomar como rehén. Christian ha dado una sugerencia que realmente me gusta mucho, habla de hacer una reingeniería en sus métodos. Dignarosa aconseja hablar con sus compañeros; Mily dice que para aplicar un nuevo sistema se debe capacitar antes y finalmente Alejandra dice que deberá replantear su forma de dictar la clase.

 

Estamos de acuerdo con todas las ideas aquí anotadas pero para llevarlas a cabo en mi humilde opinión se necesita hacer tres cosas:

  • (Uno) Carlos tiene que auto evaluarse para determinar con cuánto está contribuyendo el mismo al problema.
  • (Dos) Con el fin de ajustar los contenidos al calendario del centro educativo es necesario alinear el currículo al Plan Operativo Anual POA del centro educativo de forma que se pueda alcanzar los estándares o competencias esperadas en el tiempo necesario. Esto supone un serio problema debido a la enorme cantidad de contenidos que las mallas curriculares usualmente presentan. En la última parte de esta entrada vamos a explicar qué es lo que la profesora Susan Drake aconseja hacer para ahorrarnos esa enorme lista de contenidos que usualmente presentan las mallas curriculares.
  • (Tres) el último escollo que debe enfrentar Carlos es contextualizar o concretizar el currículo dentro de su propio salón de clases. Esto quiere decir que esas ideas transformadas en estándares o competencias deben finalmente poderse ejecutar al nivel del salón de clases.  Si el estudiante es el centro del proceso educativo, el profesor es el centro del currículo; pero el profesor debe transformar esas ideas en planes de lección para su clase.  De esto hablaremos en una tercera entrada.

 

Carlos debe auto-evaluarse

  • El primer problema de Carlos tiene que ver con algo que está más lejos de su clase, un grupo de “expertos” decidió hacer un cambio en los planes curriculares, todo con el interés de mejorar podríamos afirmar, pero al igual que se dice que el camino al infierno está lleno de buenas intenciones; esas nobles ideas se transforman en dificultades para los profesores que deben aplicarlas en su aula.
  • El otro problema de Carlos es la falta de capacitación, a la mayoría de maestros se les da una serie de estándares o competencias que deben desarrollar o enseñar pero las autoridades fallan en el cómo.  A veces ni ellos mismos pueden decirlo o saberlo.
  • El último problema tiene que ver con el celo del profe Carlos, algo más personal, su “nobleza” le impide hacer trampa enseñando menos de lo requerido y eso provoca fatiga en sus estudiantes quienes le han calificado mal.

 

Antes de terminar,  Idioma Español de 3ro. Básico (Noveno grado) tiene 6 competencias, 17 indicadores de logro y aproximadamente 150 temas como contenido conceptual, procedimental y actitudinal.  La imagen inferior muestra apenas UN solo indicador de logro con sus correspondientes contenidos.  ¿Si tu fueras Carlos cómo te sentirías?

 

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